sábado 10 de septiembre de 2011

Mensajera

Tocó el césped, y las piedras le hablaron. Se levantó, con el aroma de la hierba y la tierra mojada en su interior, y siguió la hilera de rocas con glifos tallados.

La mujer de cabello largo y túnica verde se adentró en el bosque, guiada por esa sensación, ese hormigueo en las palmas, el entrecejo y los pies mientras andaba sobre el pasto húmedo, cuando se apoyaba en un árbol a descansar, o se inclinaba hacia la corola de una flor.

Llegó hasta una cueva, formada por las raíces de un árbol inmenso de hojas brillantes que perfumaban con frescura. Sintió paz, y al tiempo de respirar esa fragancia empezó a ver los copos de luz, y el llamado multicolor del interior de la cueva.

Se acercó, inspiró con fuerza, y saltó hacia el túnel de luces y matices brillantes.

Le hablaron los del otro lado, los que estaban hechos de reflejos lunares, vientos del sol, raíces y cristales de la tierra. Le dieron un mensaje, que ella llevó de regreso, a través del árbol de copos de luz.

Los ancianos no quisieron escuchar. La llamaron hija del devastador, y dijeron que siempre había sido extraña. La llevaron hacia donde convergían los senderos, la ataron, escupieron y golpearon frente al resto, para que nadie volviera a atreverse a decirles qué hacer.

Cuando quisieron quemarla, vinieron los del otro lado, y se la llevaron en una esfera de luz.

La gente, furiosa, se lanzó contra los ancianos.